La muerte viste de negro
17 Diciembre 2009
Iba caminando. Y aunque sólo se escuchaban mis pasos en la vereda, sabía que no estaba sola.
Faltaban sólo cuatro manzanas para llegar a mi puerta, pero ,conociendo muy bien mi barrio, tenía escalofríos cada vez que caminaba por sus calles de noche.
A tres cuadras de mi casa estaba la casa de los Sucios González. La llamábamos así porque esa casa había estado habitada por una familia que siempre se vestía andrajosamente a pesar de que podía no hacerlo. Hacía muchos años, ya que el señor González había fallecido de un ataque cardíaco (Las malas lenguas decían que era un alcohólico empedernido y que el mismo alcohol lo llevo a una muerte temprana), su familia se había mudado de barrio, dejando una casa que nunca nadie quiso comprar, pero que muchas veces servía de refugio para algunos desempleados y okupas.
Con mis compañeros de primaria siempre apostábamos a que ninguno se animaba a entrar a la casa, y ya en secundaria, la desvencijada casucha nos sirvió para juntarnos a hacer las cosas que no podíamos hacer en nuestras casas.
No era por superstición infantil, pero esa casa me daba miedo, siempre que podía cruzaba de vereda para no pasar por su puerta. Pero ésta vez estaba muy concentrada en la música, por lo que me olvidé de cruzar la calle.
Al pasar por la puerta me di cuenta de que estaba entreabierta, y una cabeza oculta en la oscuridad amenazaba con salir. No reaccioné a tiempo, y el hombre me agarró del brazo y trató de arrastrarme con todas sus fuerzas. Tiré y peleé, con uñas y golpes, pero él no me soltaba. Finalmente se rindió y decidió que la calle estaba lo suficientemente desierta como para hacerme allí lo que había querido hacerme dentro de la casa. Como pudo me saco la campera y con una navaja sin filo rompió mi remera. Cuando mis pechos quedaron al descubierto sus ojos se desorbitaron y se agarró fuertemente el pecho. El peso muerto cayó sobre mí y me aplastó.
Todavía no se como hice para sacarme el cadáver de encima, pero lo logré y como pude me puse en pie. Ahora recuerdo que en ese momento pensé “Menuda suerte que tengo” pero también fue ése el momento en el que me percaté de que no estaba completamente sola en la calle. Caminando suavemente hacia donde yo estaba, casi levitando sobre la losa venía una mujer, cubierta hasta los tobillos por un sobretodo negro. Su pelo suelto y ensortijado era del color del fuego y sus ojos eran del negro más profundo. Ella parecía haber visto todo el espectáculo, pero no había en su rostro el más mínimo rastro de afectación. En estado de shock lo único que se me ocurrió en ese momento fue la palabra “Correr” pero justo cuando pasaba por su lado y sentía ese olor a rosas divise, de refilón y casi por suerte, una sonrisa en su rostro. No era una sonrisa de fanfarronería, ni tampoco de felicidad. Era una sonrisa de complicidad. Seguí corriendo a los tropezones, pero con suficiente seguridad como para no volver la vista atrás porque no era bueno deberle favores a la muerte.
22.- Felices fiestas
15 Junio 2009
Ésa noche mi primo y el que solía ser mi novio, se fueron a un recital juntos, dejándome sola en mi casa viendo series estadounidenses.
- Ya estarás preparando la cena me imagino ¿no?- Me preguntaba mi primo desde el otro lado del teléfono.
- ¿Qué si yo qué?
- Te dije que Gale y yo íbamos a ir a cenar allá- Respondió y me pareció escuchar que Gadiel decía algo, pero no logre descifrarlo porque el volumen de la música estaba muy fuerte.
- ¿Ustedes dos siempre consiguen lo que quieren no?
Las pesadillas venían cada vez más vívidas y por lo tanto con peores efectos. Ya no tenía ganas de dormir por miedo a soñar con mi familia.
Me puse a hacer la comida y mientras se cocinaba la carne en el horno, me fui a ver un poco de TV al sillón. Como no había dormido bien en la última semana, el sueño no tardó en venir, y junto con él, las tan odiadas pesadillas.
Me despertó el timbre. Apreté el botón de el portero para que se abriera la puerta de abajo sin siquiera preguntar quién era. Fui al baño y traté de parecer lo más normal posible porque no quería hacerles pasar un mal momento a Gale y Javi.
Sonó nuevamente el timbre pero esta vez era el de la puerta de arriba.
- Dana, al fin me abrís, te quedaste dormida eh…- Me dijo Gadiel sonriente, pero en cuanto vió mi cara su expresión cambió totalmente- ¿Qué pasó?- Preguntó asustado.
- Nada- Respondí con la voz ronca.
- ¿Qué pasó?
- Nada.
- Está bien- Dijo mientras se acercaba y me abrazaba, acunándome en su pecho.
El llanto no tardó en volver a salir más fuerte que antes.
Gadiel me llevó hasta el sillón, se sentó y me puso sobre su pecho, mientras me acariciaba y cantaba suavemente al oído.
Las horas pasaron y el llanto fue amainando. Cuando definitivamente pude controlarlo, me levanté y fui hasta el baño.
Estaba hecha un desastre peor que el anterior, los ojos hinchadísimos, la cara completamente mojada, la pintura corrida. Hice lo que pude para arreglar mi cara y salí del baño, hacia la cocina.
- Soy una pésima prima, me acabo de dar cuenta de que no viniste con Javi.
- Se fue con Sabri a comer algo después del recital.
- ¿Se fue con Sabri?
- Sí, hacen una linda pareja.
- Entonces no tenemos que esperarlo…- Contesté pensativa, Gadiel nunca en la historia de la humanidad le había presentado un chico a su prima. Seguro que le había caído muy bien Javi- ¿Comemos? La carne está un poco fría, pero debe ser comible- Le pregunté. Mi voz estaba irreconocible.
- Comamos.
Cenamos en el sillón mirando la TV. Sentía la mirada de Gadiel apuntándome como un laser. Ya me había dado vuelta unas cuantas veces disimuladamente, y había visto cómo me miraba, y aunque él sabía que yo sabía que me estaba mirando, no bajaba la mirada.
- ¿Te morís de ganas por saberlo no?… Igual te digo que por más de que lo intentes toda la noche, dudo que puedas leerme la mente.
- ¿Me muero de ganas de saber qué?- Respondió sorprendido.
- Lo de la navidad.
- Ah sí.
- ¿Me parece a mí, o en realidad no era eso en lo que estabas pensando?- Me miró un segundo, sonrió y se quedó pensando en su respuesta.
- En realidad te miraba, y te miraba… Y me di cuenta de que aún cuando llores desconsoladamente, no duermas bien durante una semana, tengas el maquillaje corrido y la voz tan ronca como Pappo… Aún así, sos la única mujer capaz de acelerarme el corazón con tan sólo una mirada.
- Ésa definitivamente no me la esperaba- Contesté sonriendo tímidamente después de unos segundos de shock.
- … O con una sonrisa- Completo al ver la mía.
Nos quedamos en silencio, mirándonos. Poco a poco se acerco, y lo hice yo también. Me besó suavemente, como si yo fuera de cristal y él tuviera miedo de romperme. Tomo mi cara entre sus manos mientras yo me agarraba fuertemente a su espalda.
El beso se fue haciendo cada vez más fuerte y lo que antes era suavidad ahora era insistencia, al parecer, sus labios necesitaban a los míos tanto como yo necesitaba a los suyos.
Le saqué la remera y el tironeó de la mía hasta sacarla de mi cuerpo, pero cuando estaba por desabrochar sus jeans, sujetó mis manos.
- Pará, Dana, pará.
- ¿Qué pasa?- Pregunté con la respiración agitada. No respondió y en cambio se levantó del sillón y fue a buscar nuestras remeras- Ah, ya me doy cuenta…
- ¿De qué?- Preguntó confundido.
- ¿Samanta no?- Pregunté. El me miraba entre una cara de miedo y risa- Y sí, me lo tendría que haber imaginado, es la última mujer con la que estuviste. ¡Qué estúpida que soy!, claro, pensé que como vos me decías todas esas cosas, Samanta era parte del pasado ya, pero no es tan difícil olvidar a la gente, si lo sabré yo…- Dije más para mi misma que para Gadiel.
- Está todo bien Gale, no hay problema. A mi me pasó ya, ¿Te pensás que no intenté sacarte de mi cabeza con otras personas?, sí lo intenté, pero no me funcionó, no podía. Simplemente… no podía- Me quedé en silencio unos instantes- Supongo que Samanta no debe ser una mujer fácil de olvidar.
- No, no es Samanta, sos vos.
- ¿Yo?- Pregunté completamente sorprendida.
- Sí, vos. No te puedo hacer esto.
- ¿Hacerme qué exactamente?
- No quiero ser el consuelo de esta noche y que mañana a la mañana cuando nos despertemos en tu cama abrazados y yo te acaricie la cabeza vos sientas que no hiciste los correcto, o que me usaste- Respondió mientras trataba de alejarse de mí.
- Pero no sos el consuelo de una noche.
- Dana, por favor, te conozco. Se que estás mal. Si no me querés contar está bien, me conformo sólo con poder abrazarte y lograr que dejes de llorar. Pero yo quiero que si lo hacemos vos realmente lo hagas porque querés, porque lo sentís.
- Pero yo lo siento- Contesté cansinamente. No había sido uno de mis mejores días.
- No sé, no estoy seguro de que realmente lo sientas. No… no sé si la cicatriz que dejé ya sanó, o con esto sólo la estoy abriendo más.
- Pero…- Estaba por reprochar pero Gale puso un dedo en mis labios y me calló inmediatamente.
- No me lo hagas más difícil, por favor te lo pido- Suplicó lastimeramente. El celibato no le quedaba bien- En este momento me estoy muriendo por estar con vos en ésa habitación,- Me dijo señalando mi dormitorio- en tu cama, haciendo…
- Pará porque sino no voy a poder responder de mí misma.
- Sí, tenés razón, yo tampoco…
- Bueno, mirá, para mi no es la idea más brillante del año ésta…
- Ni la más atractiva.
- Peeero… igualmente tenía sueño.
Nos reímos un rato nerviosamente, porque la tensión todavía estaba en el aire y yo podría jurar que aún sentía sus besos en mi cuello, quemándome la piel.
- ¿Te puedo abrazar por lo menos?- Pregunté después de un rato, poniendo mi mejor cara de cachorrito mojado.
- Hmm… Bueno- Respondió después de haberlo pensado un instante.
- Al fin voy a poder dormir una noche- Dije mientras pasaba mis brazos por debajo de los suyos y me acostaba sobre su pecho.
- ¿Eh?
- Cuando duermo con vos, literalmente, duermo. No tengo pesadillas ni nada por el estilo. Sos como mi pastillita para dormir.
- ¿Pesadillas?
- Sí- Decidí que iba a contárselo- ¿Te acordás de cuando éramos novios?-Pregunte incómoda.
- ¿Cómo olvidarlo?
- Por casualidad… ¿No te acordás de esas noches en las que me despertaba gritando y cuando vos me abrazabas y me cantabas me podía volver a dormir?
- Sí, me acuerdo. Me acuerdo porque me asustabas, y mucho… Pero… Esas pesadillas eran sobre tus viejos y su accidente.
- Exacto.
- ¿Y qué tienen que ver con la navidad?
- Bueno, el accidente, fue el 22 de diciembre.
- Pa ¿Querés un mate?
- Es lo mínimo que podrías darme.
- ¿Se van a estar quejando de que vinieron a buscarme para navidad durante todo el viaje? Pregunté indignada- Porque si va a ser así prefiero dormir.
- Dana tiene razón Edu, dejá de quejarte. Además antes me dijiste que estabas contento de que Dana quisiera pasar la navidad con nosotros- Me defendió mi mamá.
- Se suponía que no tenías que contar eso Irene.
- Sí mamá, se suponía que no tenías que contarlo- Afirmó mi pequeño hermano.
- Tomá- Dije con un tono enfadado.
- Gracias Dana- Respondió mi papá alargando la mano para agarrar el mate, que se le resbalo y le cayo en el pantalón- ¡Ay dios Dana!
- Agarrá el volante Eduardo, ¡yo te limpio!- Gritó mi mamá.
- ¡Papá, mirá al frente!
- Adelante se veían unas luces que cegaban, y la bocina del micro ensordecía. Lo último que recuerdo es la mano de mi hermano dentro de la mía. Me desperté en la cama de el hospital el 24 de diciembre a las diez de la noche. Mi tía y Javi estaban al lado de mi cama, y en cuanto vi sus caras lo supe.
- ¿Qué cosa?- Preguntó Gale, sacándome de mi ensimismamiento.
- Supe que habían muerto por mi culpa.
- ¡¿Por tu culpa?!
- Sí, yo los hice ir hasta Mendoza, yo le tiré el mate encima a mi viejo…
- Pero Dana, por favor, ¿Sos culpable de querer pasar la navidad con tu familia y llamarlos para que te fueran a buscar?
- Sí, soy culpable.
Me miró con una furia que había visto pocas veces en su rostro. No habló más, pero supe que no lo había convencido.
Una lista de cosas que tengo para decir
10 Mayo 2009
1. El que nunca escucho a Debussy, se pierde de la emoción en teclas.
2. Nunca me va a gustar ir a bailar, no insistan.
3. Me gusta agradarle a la gente, pero si no me caes bien, no me rompas las pelotas, porque me gusta caerle bien a la gente que me cae bien (para vos Emiliano y la reconcha de tu hermana [y no me importa mi vocabulario ¬¬'])
4. Si te digo NO ME CAES BIEN, no te rías y pongas cara de boludo. Digo muchas estupideces, pero cuando digo algo en serio, tomátelo en serio.
5. No soporto que me miren mucho, no siento que tengo monos en la cara, siento que tengo una jungla.
6. ¿Por qué la gente tiene la necesidad de abrazarte, besarte, etc. si ni siquiera los conoces lo suficiente?, no me gusta el contacto físico colectivo, no me gusta que me toquen si no tengo la confianza suficiente. Creéme cuando te digo que el día que quiera tener el mas mínimo contacto físico con vos, lo voy a hacer. Hasta entonces: no-me-toques.
7. Los nocturnos de Chopin me relajan, pero si me interrumpís mientras los escucho, corres peligro, porque me vuelvo violenta.
8. Si canto no me mires con cara de “:0″ porque probablemente sea la ultima vez que me escuches cantar.
9. Trato de no pelearme con la gente porque no soporto la tensión que se genera después si compartimos el mismo grupo de amigos. Pero tratá de no agarrarme cruzada, porque el hecho de que me guarde las puteadas no quiere decir que algún día no las piense decir.
10. Soy extremadamente rencorosa.
11. Todas las personas que lastimaron a mis amigos son presas de mi rencor.
12. No tengo autoestima, ahorráte los cumplidos, porque no te voy a creer.
13. Si no sabes lo que es la psoriasis, ahorrame la explicación que te voy a tener que dar las diez veces que me lo preguntes y googlea o preguntále a Dios.
14. No es contagiosa pelotudo, no te me alejes como si tuviera tuberculosis.
15. Las personas que creen que los que van al psicólogo están locos. Necesitan un psicólogo.
16. Nunca, pero nunca te metas con mi hermana (estás advertido).
17. Me gusta defender a la gente, pero no me defraudes.
18. Les tengo pánico por no decir fobia a los gitanos, no es de racista, pero no tuve buenas experiencias con ellos.
19. Cuando digo que no tengo segundo nombre, no es que me llamo Romualda, es que verdaderamente, soy Agustina a secas.
20. Si te digo que me digas Guga, no me digas Agustina/Agus para hacerte el graciosito. No va a ser gracioso cuando te deje mis nudillos marcados en la cara (Para los que se piensan que es joda que no me gusta mi nombre).
21. Soy violenta en palabra y pensamiento, pero no te preocupes, nunca golpeé a nadie (intencionalmente).
22. Me molestan las faltas de ortografía, hasta el punto de la indignación.
23. La gente que no lee es más propensa a escribir “Obsecion” o “televicion”
24. No soy traga, me gusta aprender y saber cada día más.
25. Soy muuuuuuuy curiosa y metida, pero se debe al punto anterior, perdón de antemano.
26. Mis amigos son sagrados, nunca te voy a presentar a ninguno (Hubo alguna excepción a la regla, pero vos no sos una).
27. Mi color favorito suele cambiar cada tanto, pero por el momento es verde.
28. Los emos no necesariamente son self-injury, no seas cerrado de mente.
29. Los floggers en general son pelotudos o huecos, pero hay excepciones.
30. Cuando me emociono grito y hablo muy rápido, pero no lo puedo controlar.
31. Me emociono por pelotudeces, acostumbrate.
32. Amo la química y eso no me convierte en rara (aunque aún así lo soy, pero no por eso).
33. Soy muy colgada, y no es en joda.
34. Soy muy vaga, muy, muy, muy vaga.
35. Tengo mayoritariamente amigos hombres, porque las mujeres a veces me sacan de quicio.
36. No me gusta prestar libros porque nunca me los devuelven en el estado en el que lo presté, así que si me vas a pedir un libro, tenés que ser tan obsesivo como yo.
37. Me obsesiono mucho con cualquier cosa.
38. Odio el verano con toda mi alma.
39. Soy fóbica a los ciempiés.
40. Me molesta la gente que escucha canciones o bandas sólo por la melodía.
41. Se usar photoshop, pero no quiere decir que haya hecho un curso de maquillaje por computadora. Así que déjenme en pez, no me pidan más que les borre las arrugas o las haga más flacas en las fotos.
42. Me gusta estar sola muchas veces al día.
43. Mi hora favorita del día son la cinco de la mañana.
44. Me gusta madrugar para perder el tiempo en boludeces.
45. Puteo mucho y muy a menudo, y no me gusta ser tan boca sucia pero no lo puedo evitar.
46. Me he enamorado de personas que no existen.
48. Me he sentido más unida a una persona a través de una computadora que en la vida real con mis amigos de toda la vida (y también me enamoré por Internet, no es imposible).
49. No me gusta hablar por teléfono.
50. Creo que uno de los mejores inventos fue la maquina de coser (y nadie me lo discute mierda!).
51. Me río por cualquier cosa, y mas cuando estoy nerviosa. Pero eso no quiere decir que no me tome en serio lo que decís (:
52. Si alguna vez te pegué muy fuerte perdonáme, soy muy bruta y me cuesta controlarlo.
53. Me gusta mucho explicar cosas aunque realmente no tenga sentido explicarlas (lo heredé de mi padre), así que si no te gustan las explicaciones largas, no me preguntes nada.
54. A veces puedo ser muy redundante.
55. Si te digo “Soy la mejor” o “Soy Dios”, no te lo cras, ya dije que no tengo autoestima.
56. Cuando me siento fuera de lugar parezco una hija de puta con mi cara de orto, pero es solo una careta.
57. No me gusta el mate, soy freak.
58. Comparo mucho las cosas pero no me gusta que me comparen.
59. Me gusta mucho sacar fotos pero solo a objetos inanimados, me pone nerviosa cuando una persona no hace lo que le pido.
60. Soy muy mandona.
61. Y masoquista.
62. El Pity Álvarez no es un capo por drogarse, vamos gente, un poco de seso por favor.
63. Mi frase favorita es “Es lo que hay”, pero soy una inconformista de ley.
64. Soy una persona muy complicada, y probablemente nunca llegues a conocerme del todo. Nunca nadie lo hizo.
65. Amo escribir. No significa que lo haga bien.
66. No soporto que me usen las cosas sin pedírmelo primero.
67. Soy extremadamente extremista. La vida es blanca o negra, no hay degradés.
68. Creo que la gente que dice grasa es grasa.
69. Creo que la gente que tiene como animal favorito el delfín, no tiene cerebro.
70. A veces juzgo antes de conocer, pero no lo hago de forra, perdón al que juzgué mal.
71. Creo en dios pero no en la iglesia.
72. Me desagrada Estados Unidos.
73. No soporto el idioma francés, ni nada que venga de este país, simplemente me repugna por alguna razón que desconozco, aunque creo que es por algunas cosas que me contaron sobre Francia y franceses.
74. Nunca me gustó mi color de pelo y por eso me lo teñí, no me digan mas “pero si tenías un color de pelo hermoso”.
75. Me encanta el acento de los ingleses, es hermoso!
76. Prefiero esperar tres colectivos antes que subirme a uno que va hasta los huevos.
77. Me gusta caminar sola por Lugano, filosofando internamente sobre la vida, las calles y el cielo.
78. Hice muchas cosas de las que me arrepiento e hice pocas de las que me enorgullezco.
79. Esto no termina acá, algún día lo seguiré.
DVOVD – Capítulo 8: Peligrosa obsesión
4 Mayo 2009
Suelo obsesionarme mucho. Pero mucho, y con cualquier cosa.
Soy de esas personas que se obsesionan con las golosinas y hasta que no se asquean de ella no dejan de comerlas.
O por ejemplo, también soy de esas que ven una serie o leen un libro y se obsesionan con uno de los personajes, o con la serie misma.
Lo molesto de mis obsesiones es que son obsesiones intensas y pasajeras. Llegué a tener guardadas fotos de actores porque personificaban al personaje que me gustaba, o incluso me hice un par de fotologs en honor a estos personajes. Pero son cosas que no me duran, no soy constante.
Por ahí veo un capítulo de una serie “x” una noche, y al día siguiente no puedo parar de pensar en esa historia. Y al día otro día tampoco puedo dejar de maquinarme con eso. Y al día siguiente tampoco, y así sucesivamente.
También me obsesiono con las bandas. Tanto es así que puedo recordar mi vida y mis épocas por su música. Y es por eso que busco constantemente nuevas bandas o nuevos estilos musicales, porque mi música me satura. Y esto pasa porque la escucho hasta el cansancio. O quizás me obsesiono sólo con una canción, entonces pongo sólo esa canción en el reproductor, y le doy al botoncito “Repetir”, entonces posiblemente estoy seis horas escuchando la misma canción.
Voy a poner un ejemplo concreto para que sea más fácil de entenderme. Me acuerdo que mi tercer año de secundaria me la pasé escuchando Led Zeppelin y Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, comprando en los recreos “picos dulces”, leyendo repetidísimas veces libros de Ágatha Christie, o releyendo por enésima vez toda la saga de Harry Potter, viendo la serie Supernatural, y estuve obsesionada con su personaje Dean, y también con el actor que lo interpreta.
Muchas de estas cosas me siguen gustando, pero en su momento eran cosas que no podía dejar de hacer, o dejar de imaginarlas. Era cuestión de estar en clase y mientras escuchaba a la profesora de físico-química explicar un sistema de fuerzas, también me acordaba de cómo mataban a Sirius o deliraba imaginando a Jensen Ackles.
No es algo que a una persona normal le molestaría de si mismo. Pero es algo que me molesta y mucho de mí misma, porque en cierto punto es algo que interfiere con mi vida cotidiana, ya que, como dije antes, tengo una mente eficaz, y cuando digo “pensar todo el tiempo en algo” no es una exageración en mi caso.
DVOVD – Capítulo 7: Cilcotímica Mujer
3 Mayo 2009
Ciclotímica como yo sola. Ya de por sí las mujeres somos ciclotímicas, pero lo mío es extremo.
Como puede pasar uno de estar feliz de estar vivo, a una depresión total, depresión de muerte, de esas que no sabes si vas a poder salir, y después de un rato, tan corto como media hora, volvés a estar alegre, vivaz.
Es muy complicado explicar cómo se hacen esos cambios, y lo peor es que aunque quiera estar feliz de nuevo o mantenerme triste no puedo, mi mente me dicta que tengo que cambiar de humor.
Lo peor de todo no es no poder controlar tu propio estado de ánimo, sino que es que la gente te tiene que entender, y soportar, y no siempre lo hacen (y tienen razón en no hacerlo).
Yo puedo estar hablando muy bien con vos, de un tema irrelevante que de ninguna manera me pueda causar pena, y sin embargo de un momento para otro me acuerdo de algo que me molesta, o me angustio de la nada, y no te soporto más, no me soporto a mi misma, no soporto al mundo. No me gusto, no me quiero, me doy asco, me odio.
Necesito estar sola, llorar, llorar para limpiar el alma, catarsis.
Y así como un arrebato depresivo que vino, así se va. Y vuelvo a estar bien, a quererte como antes y a tratarte como antes.
Lo peor es cuando me pasa en un lugar público, o en alguna reunión con gente, porque no puedo controlar mi depresión, ella viene, no pregunta. Y tengo que enfrentarme a un mundo de gente idiota, que no entiende, juzga primero.
Y no me puedo escapar, no puedo correr, tengo que disimular, tengo que aguantar hasta que se pase, o explote.
DVOVD – Capítulo 6: Los celos matan
2 Mayo 2009
Soy una persona híper-súper-mega-archi celosa, soy celosa de mis “Parejas”, de mis amigos, de mi familia, hasta de mis mascotas.
De mis parejas soy celosa hasta de la chica que pasa por la esquina. De sus amigas, de sus amigos. De todos.
De mis amigos soy celosa con cualquiera que se les acerque, no me gusta que mis amigos tengan amigos que no tenían cuando los conocí, es decir, no me gusta que tengan nuevos amigos. Creo que me van a reemplazar. Igual no estoy tan loca, porque me reemplazaron muchas veces, aunque suene inusual.
De mi familia soy celosa en todo, comparo mucho, y eso la verdad que es una contra, porque soy la “oveja negra” de la mía, por lo tanto salgo perdiendo siempre. No tengo nada bueno de lo que me pueda jactar.
De mis mascotas, bueno, no hace falta aclarar.
Ser un poco celoso le da al otro la seguridad de que lo queres, de que te importa. Pero llegar al extremo de enojarte porque le habla a una persona nueva me parece el colmo. Me odio a mi misma cuando me enojo con mis conocidos en general por los celos. El problema soy yo, no ellos. La inseguridad la tengo yo, no ellos.
Los celos son uno de los causantes de muchos alejamientos que tuve con varias personas. Además se juntan con mi mente, y me juegan malas pasadas. Como ya conté, suelo imaginar mucho, y entre mi imaginación, y mis celos suelo “hacerme la cabeza”, como se dice generalmente.
Imagino cosas, y después lo reprocho al otro por algo que no hizo, que solo imaginé. Encima cuando me enojo, tengo una personalidad bastante fuerte, no dejo que el otro me dé explicaciones, entonces todo queda sin solucionarse, y termino alejando a esa persona, por una cosa que imaginé que pasó.
Me pasa tan seguido que hay gente que ya se acostumbro a mis planteos estúpidos, hay gente un poco más inteligente (o que me conoce mejor), que me deja hablar hasta el cansancio, y ahí me da su explicación.
Después de toda la pelea, viene mi arrepentimiento. Cuando analizo todo en frío, me doy cuenta de mi equivocación. Pero me es muy difícil ir al otro y decirle que me equivoqué, porque ahí entra otro defecto: mi orgullo.
DVOVD – Capítulo 5: Fly away form here
1 Mayo 2009
Como ya conté anteriormente, alejo a la gente que me hace bien. Quiero creer que no lo hago conscientemente, pero hay veces que siento que lo hice porque quería.
Para explicarme un poquito más, les voy a dar el ejemplo de mis amistades. Hay veces que por cuestiones sin importancia (esas por las cuales una persona se disgusta, pero no se enoja con otro), me enojo con mis amigos, los ignoro. Y ellos ni siquiera saben qué es lo que me pasa, porque tampoco les doy una explicación. Algunos me dijeron que era porque me gusta llamar la atención, cuando ellos le prestan atención a otras personas.
Pero lo peor es que creo que a veces se me va la mano, y mis amigos se cansan, y termino alejándolos. Dejamos de hablarnos, de juntarnos, de decirnos lo que nos pasa. Y cuando me acuerdo de lo que hacíamos juntos, me pongo mal, me dan ganas de volver a esos viejos tiempos, y no me doy cuenta de que la única culpable de todo soy yo.
Igual, aún así, esto no termina ahí, porque no sólo alejo a mis amigos, alejo a mi familia, alejo a todo el que se me acerca demasiado. Es como si sintiera que los puedo lastimar, que los puedo contagiar de lo que soy, no me siento capaz de hacer feliz a la gente. No creo que haya algo bueno en mí.
¿Cómo es que si una persona me hace bien, yo la alejo, la saco de mi vida? Fácil, creo que puedo arruinar la suya.
DVOVD – Capítulo 4: No vayas tan rápido, ¡PARA!
30 Abril 2009
Digamos que tengo una mente eficaz. No por el hecho de que sea más inteligente que los demás, o porque tenga algo que otros no tienen. Simplemente, mi cerebro trabaja las 24 hs. del día, sólo descansa (y a veces tampoco) cuando duermo.
Lo que pasa con mi cabeza es que está tan deseosa de pensar, que a veces pasan muchos pensamientos por mi mente en un mismo momento, y no tengo tiempo de verificar cada uno, y siempre queda alguno dando vueltas, que reviso luego. Mi forma de “revisar luego”, es estar en soledad, bajar la velocidad mental, y acomodar las ideas. Algo así como decirle a mi mente “¡PARA!”.
Ella nunca se queda quieta, siempre está alerta, siempre piensa, siempre está pendiente de hasta el más mínimo detalle que quizás otra mente no pudo captar. De esto se deduce que pienso tanto, que casi siempre me enfermo a mí misma. A veces me gustaría poner la cabeza en blanco.
Tener un cerebro así tiene su pro y su contra. Su contra, es que nunca hago algo por impulso, las demasiadas pocas veces que hice algo por impulso, lo pensé antes y dije “ya fue, lo hago por impulso”, eso quita el hecho de que fue impulsivamente, ya que fue previamente pensado.
Y su pro es que cada vez que hago algo, anteriormente calculé todas las posibilidades y todas las causas a las que podrían llevar mis hechos. Y en realidad a veces me ayuda mucho, y más cuando quiero mentir o tengo que engañar a alguien, porque analizo todas las mentiras posibles, y siempre quedo con la mejor. En síntesis, nunca hago nada sin pensar. La única cosa que hago sin reflexionar a veces es hablar. Cuando tengo un lapsus de idiotez, suelo decir las cosas más tontas que una persona puede decir, aunque en general la gente en ese momento me califica de loca y no de tonta, que me gusta aún más, y creo que por eso lo sigo haciendo a veces. No sé porque me gusta que me consideren loca, será porque sé que no me lo dicen con mala intención, sino que lo dicen en el sentido de “una loca linda”. Y para mí que me digan eso, es como que me digan que soy diferente.
21.- Psicoanálisis
29 Abril 2009
- Ahora que lo vi con mis propios ojos lo entiendo mejor.
- ¿Qué?- Pregunté volviendo a la tierra, me había quedado pensando, como era de esperar, en Gadiel.
- Te dije que ahora te entiendo, ahora que vi tu relación con Gadiel entiendo porque aún cuando te dejó y te hizo tanto mal vos seguís estando cerca de él.
- ¿Y ese comentario a qué viene?
- Es que… ¿Te acordás que la mañana siguiente a que yo llegara te fuiste al hospital a verlo?
- Hmm, sí…
- Bueno, mientras me bajaba la fuente de tostadas y me hacía otra chocolatada- Bromeó mientras reía despreocupadamente- Me puse a pensar y no entendía cómo era que después de que te hubiera hecho todo lo que te hizo vos seguías cuidándolo y ayudándolo. Te juro que no me entraba.- Se detuvo un segundo, me dedicó una sonrisa, respiró hondo y prosiguió- Pero bueno… después de haberlo conocido, y de haber tenido una charla seria con él…
- ¿De haber tenido una charla seria?- Pregunté sorprendida y riendo a la vez- Si estuvieron jodiendo toda la noche, lo único serio de lo que los escuché hablar fue de cds, y ni siquiera así se pudieron contener de decir estupideces.
- ¿Me estas cargando? ¿Te pensas que no te cuido yo a vos?- Me preguntó indignado- Tuve una seria conversación con él, sobre las intenciones que tiene con vos y la verdad es que me convenció.
- Jajaja- El tono solemne en el que habló me causo tanta gracia que me agarró un ataque de risa- Vos… me estas queriendo… decir… que le peguntaste… “¿Qué intenciones tenes con mi prima?”- Pregunté entre carcajadas, tratando de respirar bien.
- Algo así…
- Definitivamente, vos y Gadiel, tendrían que estar juntos, son tal para cual. Él hubiera hecho la misma estupidez con su prima.
- ¿Ah, tiene una prima?- Me preguntó completamente interesado.
Esa noche no pude dormir. Siempre lo mismo, cuanto mas se acercaba el fin del año, más mi inconsciente me quería torturar haciéndome soñar pesadillas que alguna vez fueron realidad.
- ¿Dormiste bien anoche?- Preguntó mi primo durante el desayuno.
- No en realidad.
- ¿Y por qué?
- Tuve… pesadillas- Respondí mientras tomaba un sorbo largo del mate amargo que tenía en la mano.
- ¿Sobre?
- Sobre lo mismo de siempre, creo que nunca tuve pesadillas sobre otra cosa.
- Ah…- Suspiro mi primo incómodo- Tu inconsciente sigue molestándote todavía cuando llegan estas fechas ¿eh?
- Sigue haciéndolo… Bueno, durante un tiempo casi paró de hacerlo, pero después…- Gadiel era como el calmante que yo había tomado durante más de tres años para poder dormir por las noches. Pero la historia había cambiado.
- ¿Eh?
- Nada nada, no me hagas caso.
- El psicólogo definitivamente no funciono, pero… ¿porque no probas con un hipnotizador?
- ¿Para qué? Él seguro me va a decir lo mismo que todos los demás “Señorita Marcenaro, tiene un severo problema relacionado con una culpa que usted insiste en atribuirse y bla bla bla…”- Contesté simulando ser una erudita en ciencias sociales- Yo no necesito que me digan lo que tengo y que no fue mi culpa, necesito que alguna puta persona entienda que sí fue mi culpa y me consuele en base a eso…
- Vos ya sabés mi opinión al respecto Dana, para mí fueron muchas desgracias que dieron la casualidad de juntarse y llegar a ser una desgracia mayor… El puto destino.
- ¿Estás queriendo decirme que el destino quiso que yo quedara completamente sola?- Pregunté falsamente sorprendida- Ah, entonces el destino sí que es un jodido- Terminé bromeando, esquivando cualquier pensamiento en relación al porque quedé huérfana.
Al fin, después de bastante tiempo fui a trabajar sin sentirme culpable por estar en el local y no en el hospital velando por mi ex novio.
El negocio de música seguía estando igual que siempre, tal vez con un poco más de polvo.
- Buenos días, ¿Es usted Dana Marcenaro?- Preguntó un hombre ataviado con el uniforme de una empresa de envíos.
- Hmm, sí, soy yo… ¿Por?
- Tengo una entrega para usted. Firme aquí por favor.
- Bueno, ¿Pero me puede decir quién lo manda?
- El señor…- Respondió mientras buscaba entre las hojas de su carpeta- Gadiel Arzt. Bueno, entonces le traigo el paquete- Dijo mientras se dirigía hacia la camioneta de la empresa situada en la vereda de enfrente de mi local.
- ¿Y eso qué es?- Pregunté mientras miraba la gran caja, y por lo visto pesada, que traía el empleado.
- Nuestra empresa no tiene autorización para revisar el contenido de los paquetes minuciosamente, así que podría decirle que por lo visto no es una bomba, pero nada más que eso.
- Bueno, muchas gracias entonces.
- De nada señorita, que tenga un buen día- Me contestó mientras se dirigía nuevamente hacia el vehículo.
La caja contenía decenas de cds. Todos de la misma banda, y encima de todos ellos había una nota escrita a mano: “Ahora no tenés excusa para decir que no podés vender los cds de mi banda porque estaban agotados”
El cd se llamaba “Culpable de todos los cargos”, en la tapa había una especie de corte protagonizada por gente que parecía sacada de un circo aunque reconocí a los miembros de la banda, un poco disfrazados, pero estaban ahí. Gadiel era el que estaba “declarando” con una mano en el corazón y la otra en la biblia. Tiago era el abogado defensor que parecía frustrado al ver que su cliente se inculpaba solo.
Examiné hasta el más mínimo detalle del cd, incluidos los agradecimientos, en los que estaba mi nombre y al lado una dedicatoria que rezaba “Por la inspiración que me diste en varios temas de este cd”.
- Muy buena la tapa eh.
- Así que los recibiste- Me dijo divertida la voz al otro lado del teléfono.
- Por lo visto… Estem… ¿Cuánto te tengo que pagar?
- ¿De los cds?
- Y del envío.
- Nada, regalo de Navidad adelantado- Podría jurar que detrás de esa frase sonrió.
- Odio la Navidad y sos judío, dale, inventá algo más convincente- Bromeé.
- Es verdad, es verdad. Pero bueno, no perdía nada por intentar ¿no?…- Contestó riéndose- Che, hablando de eso… Al final nunca me contaste porqué odias la Navidad.
- No… no es nada, una boludez- Gadiel nunca supo qué fue lo que realmente pasó.
- Dale contame.
- Algún día te contaré- Le dije cada vez más cortante.
- No me dejes con la intriga, dale.
- ¿Lavaste los platos?- Le pregunté tratando de desviar el tema.
- ¿Qué platos?
- Ayer me dijiste que no podía lavarlos, que los lavabas vos más tarde.
- Ahora los lavo, pero no me cambies de tema, ¿Por qué…odias…la navidad?- Me preguntó insistente.
- ¿Qué haces hoy?
- Basta Dana, contame, no puede ser tan grave- De la insistencia a la impaciencia.
- Si no me decís qué haces a la noche no te puedo invitar a cenar Gale- Tenía que probar si eso funcionaba.
- Voy a salir con tu primo.
- ¿Con mi primo?- Pregunté sorprendida perdiendo por completo al personaje.
- Sí, vamos a ir a ver a una banda amiga ¿Querés venir?
- No, no quiero…
- Bueno. No vengas, ¿Pero podemos ir a cenar a tu casa después del recital?
- No sé, lo voy a pensar- Respondí un poco ofendida.
- ¿Ves?
- ¿Qué cosa?
- Siempre te salís con la tuya- Respondió falsamente enojado- No me contaste lo que quería saber y encima te ofendiste conmigo.
20.- Bromas verdaderas
28 Abril 2009
Ya había puesto la mesa. Gadiel estaba tirado literalmente sobre el sillón, exactamente igual que como lo había dejado unos minutos antes. Sonó el timbre.
- ¡Javi!
- Llegué- Saludó mi primo sonriente.
- Hola ¿Cómo estas? Soy Gadiel- Saludó Gale que se acababa de levantar del sillón con mucho esfuerzo.
- Hola, Javier, el primo de Dana- Contestó mi primo mientras estrechaba la mano que mi ex novio le había tendido.
El momento era incómodo. No había mentido en el sentido de que mi primo era pacífico, pero había “olvidado” comentar el hecho de que era muy sobreprotector con sus seres queridos. Podría jurar que ese apretón de manos había sido más apretado de lo normal.
Después de unos minutos en los que Gale y Javier no había hecho mas que mirarse entre sí y sonreír, decidí hacernos un favor a los tres y trate de cortar el hielo.
- ¿Vamos yendo para la mesa?
- Sí dale.
- ¿Pongo la mesa?- Preguntó Gale.
- No, ya la puse antes. Ahí llegó la pizza.
- Agarrá plata de mi billetera, está en el bolsillo derecho de la campera.
- Ahora agarro- Le contesté. Esta vez pagaba yo. Está bien, no era ético aprovecharse de los lisiados, pero ésta era mi oportunidad.
Estuve bastante tiempo con el chico de la pizza porque no había traído cambio y yo le pagué con un billete muy grande, así que dio vueltas por todos los comercios de la ciudad buscando alguien que le cambiara el billete.
- Listo- Dije mientras apoyaba las cajas sobre la mesa y ellos que apenas habían notado mi presencia pararon de hablar instantáneamente- ¿Vi que estaban entretenidos en una charla, de qué hablaban?- El brillo en los ojos de mi primo daba miedo.
- De nada, yo que se- Respondió uno.
- De todo- Respondió el otro.
- Dale, cuéntenme.
- De música- Respondieron al unísono.
- ¿Ah, sí?- Pregunté incrédula- ¿Qué banda?
- Black Sabbath- Respondieron una vez más al mismo tiempo. Se miraron sin poder creer que hubieran respondido lo mismo y Gadiel emitió una carcajada sonora mientras mi primo le golpeaba el hombro. Nunca iba a poder entenderlo ¿Cómo hacía para caerle bien a todo el mundo? Una personalidad magnética hubiera respondido mi madre.
Comimos. Como era de esperar solo pararon de hablar mientras comían, o mejor dicho, devoraban las pizzas.
- ¿Mejor álbum de Zeppelin?
- Todos aman el IV pero no sé, yo tengo algo especial por Houses of the Holy.
- Oh dios, creo que te voy a pedir casamiento- Respondió Javier, pero al ver mi cara agregó- Bueno, mejor no a ver si mi prima me noquea.
- Si no fuera porque mi corazón tiene dueña ya estaría sacando turno para el registro civil- Bromeó Gadiel mientras me miraba significativamente.
- Freud decía que detrás de todo chiste hay una gran verdad, no me sorprendería que mañana me llegue una invitación rosa con sus nombres entrelazados- Contesté tratando de que mi primo no notara esa mirada.
- No, el rosa no combina con mis ojos, prefiero el amarillo patito- Se burló Gadiel imitando la voz de una mujer y haciendo ademanes.
Fui hacia la pileta entre risas para lavar los platos pero Gadiel me detuvo agarrando suavemente mi brazo.
- No no no, vos venís para acá, nada de lavar los platos. Estas de invitada en mi casa no de mucama.
- Pero está todo sucio…
- No me importa, ya lo lavaré yo mañana.
- Pero…
- Pero nada, no se discute.
- ¿Alguno de los dos me podría decir en dónde se encuentra el baño?- Preguntó mi primo.
- Caminá para allá, vas a ver tres puertas, es la del medio- Le respondió Gadiel mientras señalaba la dirección en la que tenía que caminar Javi.
- Gracias Gale, y vos Dana, hacele caso, o sino pedile que te pague un sueldo por lo menos- Bromeó mi primo mientras se dirigía hacia el lado de las habitaciones.
- Un personaje tu primo eh- Me dijo sonriente Gadiel.
- Sí, como vos. Yo sabía que se iban a llevar bien.
- No en serio, lo voy a invitar a cenar mas seguido.
- ¿Querés que me vaya y los deje solos?- Dije sarcásticamente.
- Jaja, no, prefiero quedarme solo con vos- Me contestó con ternura mientras se acercaba más.
- Gadiel cuidado con la pierna a ver si te lastimas, tenés que usar las muletas.
- No me cambies de tema ¿Querés?
- Yo no te cambié de tema- Refuté indignada.
- Ay Dana por favor, cada vez que hago alusión a ese tema, salís con cualquier pavada o haces como si no me hubieras escuchado.
- ¿Cuándo hice eso?
- Recién, cuando dije que mi corazón tenía dueña te hiciste la estúpida y cambiaste de tema. No te pido que hagamos como si nunca hubiera pasado nada y que seamos novios o algo por el estilo, pero te pido por favor que si no tengo ni la más mínima posibilidad me lo comuniques porque me estás volviendo loco.
- No es así lo que pasa…
- Ejem, bueno, ejem- Mi primo había vuelto del baño y nos miraba incómodo. Gadiel y yo estábamos muy cerca el uno del otro, nuestras narices casi se tocaban y él parecía que estaba echando fuego por los ojos. Me alejé pero Gale se quedó en la misma posición.
- ¿Querés que te muestre los discos Javi?
- Dale vamos.
Me quedé contemplándolos mientras Gale le mostraba su gran colección de vinilos y cds y dvds, y esas cosas. Por como se reían y hacían chistes y hablaban, parecía que se conocían de toda la vida.
- Che, esta de la foto ¿No es la modelo Samanta Olivera?
- Si.. si, es ella.
- ¿Y qué haces vos con ella en la foto?- Preguntó Javi divertido, pero al ver la cara de velorio de Gadiel borró la sonrisa de su cara.
- Es mi EX novia- Respondió Gadiel dedicándome una mirada fugaz.
- Ah, ¿Y me la podés presentar?- Bromeó mi primo tratando de alivianar el ambiente pesado que se había creado.
- Si hubieras llegado un poco antes te la habrías encontrado.
- ¿Estuvo hoy acá?
- Sí, protagonizando una falsa escena de celos hacia tu prima- respondió amargamente mientras acomodaba “Wish you were here” en donde tenía que ir.
- Estem, bueno yo me voy yendo- Dijo mi primo mirándome inquisitivamente. Probablemente el momento lo había puesto incómodo.
- Yo te acompaño.
- No, vos quedate con Gadiel no te preocupes por mí.
- Voy con vos.
- No la contradigas a la terquita- Comentó Gadiel con una sonrisa triste. Le dediqué mi mejor cara de odio- Yo los llevaría en el auto si no fuera porque ahora es solo una chapa contorsionada y además no podría apretar el acelerador ¿Les llamo un taxi?
- Dale.
Mientras esperábamos el taxi mi primo estuvo haciendo chistes muy estúpidos con tal de que Gadiel no estuviera tan tensionado. Supongo que se sentía culpable porque ahora Gale estaba alicaído.
- Ahí llegó, bueno Gadiel, la verdad un placer haberte conocido.
- Igualmente Javi, otro día vení, con tu prima, a cenar si querés- Le contestó mirándome al decir “tu prima”, dejando bien en claro el mensaje implícito.
Mi primo se dirigió al auto y se sentó a esperarme mientras me despedía de Gadiel.
- Sí, la tenés- Le dije Gale sintiendo la mirada vigilante de mi primo en la nuca.
- ¿Qué cosa?- Preguntó confundido.
- Una posibilidad, la tenés.
- ¿Ah sí?- Volvió a preguntar con una sonrisa de oreja a oreja, aparentemente olvidando su estado anterior de tristeza.
- Sí. Perdonáme que sea tan cortante, es sólo que…
- Shh- Me dijo mientras tapaba dulcemente mi boca con dos dedos- No me importa realmente, vos podés tener tus motivos y te entiendo. Yo sólo quería saber si me podía ilusionar o no- Siguió- Ah tomá, y andá yendo que te va a cobrar la espera.
- ¿Qué es?- Pregunté agarrando lo que me entregaba.
- La llave- Respondió mientras yo abría la puerta del auto.
- ¿De qué?
- De mi corazón- Respondió riéndose mientras el taxi arrancaba.





